POETA OFICINISTA

Me gustan las caras duras
de los empleados de oficina,
esas zanjas amargas
que trazan sus rostros,
los ojos amarillentos
que no han visto la dicha;
sus hombros ceden ante el peso
de las metas y las comisiones.
Por favor califique mi servicio.
Envidio a esos agentes beige de cubículo,
porque desean poco, viven lo justo
y no conocen la felicidad.

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