LAS PÁGINAS MÁS BLANCAS

 

Agradezco la luz que entra hasta la pequeña sala,
el aguacero castigando las calles.
Te levantas temprano porque a nuestra edad ya es costumbre,
vienes a sentarte sobre mis piernas para que te abrace y te bese el cuello.
Dejo el libro y hundo mi cabeza entre tus pechos,
robo tu calor, tu aroma fatigado como advirtiendo otro inicio.
Me besas y te vas, descalza. Te vas.

 

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