EL TIEMPO PERDIDO

En español decimos cosas como “tengo 27 años” y pareciera que uno tuviera ese tiempo acumulado en algún lugar. Si a usted le faltan años no se preocupe, yo le presto, tengo muchos. Las madres pasan décadas repitiéndoles a sus hijos que deben ser buenos hijos. Muchas, no todas, esperan que ellos les puedan retribuir ese tiempo en cuidados, otro piso para la casa o una mensualidad. Las maestras de escuela nos enseñaron que el tiempo hay que invertirlo bien, memorizando nombres de libros, autores, tablas de multiplicar y que hay que pasar siempre todos los exámenes, que no podemos perder, siempre ser el mejor, sobresalir. Si uno puede y quiere, invierte su tiempo estudiando un oficio, si puede y quiere más, se especializa, y si es capaz, monta un negocito o una empresa, que es la puerta para llegar allá, donde está el progreso, donde la gente sale adelante, allá.

Un filósofo de mi pueblo dijo una vez que si uno pierde todas sus cositas y su dinero en un desastre natural, digamos, un derrumbe, se enfrenta a dos escenarios posibles. El primero, se queda en la calle con una mano adelante y otra atrás porque sólo era dueño de unos objetos que se llevó la inundación o el incendio y que difícilmente va a poder recuperar; el segundo, que si uno sabe hacer algo en la vida, algo que los demás necesiten, es dueño de un tesoro, porque gracias a ese oficio va a poder comer y vestir de nuevo. Pues sí, uno trabaja como para comer, vestirse y hacer cola en las EPS. Pero me desvié del tema, yo estaba era hablando del tiempo.

Todo eso es tiempo invertido, decía yo, pero no solamente invertimos tiempo en ser mejores cada día, en trabajar para poder pagar los impuestos y salir al sol los domingos. También invertimos en las personas que nos pertenecen, en las personas que queremos porque son nuestras, como las cosas que se lleva el derrumbe y que no quisiéramos perder. Inevitablemente también hay catástrofes, desastres emocionales que nos separan de los demás, nos dejan damnificados y llegan los reclamos. De repente las amistades y las relaciones no valen nada, porque el tiempo es oro y si uno no tiene tiempo, no tiene con qué comprar lo que quiere, o lo que le haga falta.

¿Y el tiempo invertido en las personas que quisimos y que ya no volvimos a ver o que dejamos de querer, qué? Como dije al principio, tal vez uno tenga ese tiempo aquí guardado debajo del brazo, para cambiarlo por otra cosa, llevarlo a un banco y ganarle intereses, añejarlo, regalárselo a una persona que tenga los días contados, o bien, devolverlo, porque fue una inversión que alguien más hizo en uno y muy seguramente no nos pertenece. Y bueno, digamos que aquí tengo el tiempo amontonado debajo del brazo y no sé qué hacer con él.

Leandro

(Foto editada con AgingBooth)