EL ASUNTO DE LOS PELOS

 

En el colegio al que no se afeitaba las lanas le decían bozo de rata o bozo de lulo, por lo que nadie se atrevía a ostentar su pubertad. En la universidad ninguno de mis compañeros tenía bigote, tal vez uno que otro provenientes del Putumayo o del Cauca, gente sin complejos.

Mi papá es barbado, toda la vida tuvo bigote, hasta que un día entró a trabajar en la carnicería de un supermercado en Manizales y le dijeron que el mostacho se iba, por cuestiones de higiene y políticas de la empresa; el trabajo no le duró, pero desde eso vive afeitado.

Yo no tengo barba, porque según entiendo, el asunto de los pelos se hereda por parte de la familia de la mamá, y mis tíos son, como dicen por aquí, barba de indios. Los genes no me alcanzaron sino para un incipiente pelambre que rasuro cada dos o tres días, porque además se demora para crecer; unos vellos en las mejillas como tres moscas patas arriba y una chivera que cuando tiene ventaja, parece más bien unos pelos púbicos.

JC, estudiante de inglés, un día se rasuró la barba pero se dejó el bigote, me dijo, “es muy chistoso ver la reacción de la gente, abren los ojos, miran a otro lado y se ríen…”. Según él, uno debería poder hacer con su propia imagen lo que quiera, sin tener que preguntarle a los demás cómo se ve, si les gusta o no, pero esta sociedad no funciona así, hay demasiadas presiones. Al día siguiente se afeitó.

Muchos de mis amigos no se dejan el bozo, en parte porque la mayoría son docentes, es decir, trinomios cuadrados perfectos, y donde uno se ponga a jugar con esas cosas, “se lo comen vivo los estudiantes”. Da la impresión que tener bigote es un signo de descuido, de desaseo; sin embargo, en otras carreras, como la militar, en la que todo el mundo tiene que mantener muy pulcro y afeitado al ras, sólo los efectivos de alto rango lucen la brocha, a lo Gral. Palomino.

En fin, aprovechando mi tiempo de vacaciones, me dejé crecer estos tres pelos, porque sí. Las reacciones fueron las esperadas, mi hermana dijo que qué horror, que me iba a afeitar dormido; doña Luz, mi más grande detractora, que me parecía a Cantinflas; Edna publicó en Facebook: “Vamos a hacer una campaña por un Leo sin bigote!”; La Flaka me puso “Pedrou”, como el cliché latino de las películas gringas; y doña Jane dijo que parecía como si me hubieran dado un juetazo con un zurriago cagao, jejejeje.

Me aguanté, sobreviví casi 4 semanas. Hubo gente más prudente que tal vez se rió en silencio, como la señora de la tienda (lo vi en sus ojos), otros simplemente dijeron que me veía muy chistoso, que me parecía a Fulano o a Perencejo… y gracias al cielo y a Jehová salpimentado no me encontré a Caballo ni a Duván, que me hacen bullying y me ponen a llorar. En todo caso, no me gustó lo del mostacho, y les prometo que no lo vuelvo a hacer. Va la foto:

Leandro Blog